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Dr. Daniel Ríos inaugura Congreso sobre investigación y prácticas en educación en Brasil

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Foto prof. Daniel Ríos Brasil

Por César Calquín

Durante la última semana del mes de noviembre, el académico del Departamento de Educación y Director del Programa de Magíster en Educación, profesor Daniel Ríos, dictó la conferencia inaugural del Congreso Internacional de Investigación y Prácticas en Educación, desarrollado en la Facultad de Ciencias y Letras de la Universidad Estadual Paulista, Brasil.

La ponencia que el Dr. Ríos ofreció a los asistentes se tituló “La evaluación como estrategia ética para la construcción democrática y crítica del estudiante” y estuvo enfocada en la evaluación como un proceso importante para favorecer la participación de los estudiantes, con la finalidad de promover su autonomía y posibilitar el desarrollo de valores y actitudes que pueden convertirse en su capital esencial en su futura participación en la sociedad.

 Es por ello que entre los temas importantes que tocó el profesor Ríos se incluye a la educación como proceso humanizador, porque contribuye a la formación integral de las personas y, a través de la actuación de ésta, al mejoramiento de nuestra sociedad, a partir de su integración crítica y propositiva, plena de derechos y deberes ciudadanos.

Además, enfatizó que no existe herramienta más poderosa que la educación para cumplir con la finalidad de la formación plena del estudiante. Sin embargo, señala, que también debe ser asumida como un medio para el mejoramiento de nuestra sociedad, vía contribución que realizan los ciudadanos y ciudadanas en el fragor de cada día de sus existencias.

También, propone que los actores principales para cumplir esta importante labor son los profesores y las profesoras, como promotores de buenos aprendizajes para sus estudiantes. Ellos son los que tienen la responsabilidad de poner en práctica el currículum que la escuela proporciona a sus estudiantes, a partir del Proyecto Educativo Institucional de cada una.

Complementa que es en este espacio donde el estudiante puede aprender, no solo conocimientos y habilidades, sino también aquellos comportamientos, valores y actitudes que en su futura actuación social pueden contribuir a su inserción crítica y propositiva en la sociedad a la cual pertenece.

Y es en este sentido, agrega, que se hace imperativo que los profesores sean más educadores que transmisores de información, donde muchas veces esta es escasa, poco relevante y descontextualizada. Que sientan la labor educativa como una misión esperanzadora, al servicio de los estudiantes y a la sociedad para su engrandecimiento, con vista a una democracia más amplia y profunda. Esta educación debiera estar basada en el pensar y el sentir de los profesores. En el intelecto y en el amar. Pensar y sentir constituyen la díada esencial para la vocación pedagógica que exige la misión de educar.

Por otra parte, también hace hincapié en que para orientar la práctica pedagógica es esencial la presencia de los objetivos escolares, ya que en estos se plasman los conocimientos, habilidades y actitudes que los alumnos deben alcanzar como producto de su experiencia educativa. Por medio de la didáctica, la diversidad metodológica, la evaluación, entre otras, se posibilita la enseñanza de las disciplinas escolares, las que actúan como un medio para posibilitar la educación de los estudiantes.

Es por esto que, señala, para relevar la importancia política y ética de la educación, es necesario avanzar hacia evaluaciones que ubiquen en el centro del proceso educativo al alumno. Una perspectiva que lo resalte como sujeto histórico, social, cultural, económico y trascendental. Que lo considere como el principal responsable de su propia construcción personal, pero también en relación a otros. Acompañado por profesores que piensan y sientan a la educación como la más poderosa herramienta de transformación personal y social.

Para estos efectos, complementa, se requiere de una evaluación para el aprendizaje, una evaluación esencialmente educativa, que le contribuya a generar una curiosidad y una motivación permanente, en espacios escolares que le otorgan la posibilidad de vivir y practicar, lo que será su futuro comportamiento en la sociedad.

El profesor Ríos señala también que una herramienta que puede favorecer el logro de estas finalidades educativas, es la práctica evaluativa que efectúa el profesor. Desde hace un tiempo ha cobrado relevancia la concepción de una evaluación para el aprendizaje, la que no excluye a la evaluación del aprendizaje. Esta evaluación hace énfasis más en los procesos y asegura mejores resultados educativos de los estudiantes.

También se destaca la posibilidad para que el estudiante participe en el proceso evaluativo a través de la generación de juicios sobre su desempeño, sus procesos cognitivos, sus avances, las condicionantes que favorecen o que impiden sus aprendizajes. Además, puede focalizarse en las actitudes que el estudiante presenta durante el proceso de enseñanza y aprendizaje: interés, compromiso, responsabilidad, trabajo colaborativo, entre otras. Esta mirada sobre sí mismo lo convierte en sujeto y objeto evaluativo, lo que le permite aprender a evaluarse.

También, señala, la práctica evaluativa de los profesores puede constituirse en una relevante estrategia, ética, para favorecer la participación y compromiso de los estudiantes en sus procesos de aprendizajes. La participación de los alumnos en los procesos evaluativos busca desarrollar su autonomía y su libertad.

Mientras que la autoevaluación, la coevaluación y la evaluación de pares pueden constituirse en relevantes estrategias para promover valores y actitudes que permitan a los estudiantes una actuar ético, con vista a su futura participación, crítica y propositiva, en la sociedad a la cual pertenecen.

Para finalizar, plantea interrogantes con el fin de instalar una discusión a raíz de esta temática: ¿Cuáles son las actividades curriculares más pertinentes para que los estudiantes practiquen la evaluación? ¿Qué instrumentos evaluativos son las más relevantes para este tipo de evaluación? ¿Los profesores están motivados para promover y acompañar este tipo de prácticas evaluativas? ¿Qué dispositivos institucionales debe general la escuela para darle sostenibilidad a estos nuevos procesos, a fin de generar una nueva cultura evaluativa? ¿Es posible que estás prácticas evaluativas contribuyan a generar una cultura evaluativa basada en la participación, colaboración, responsabilidad, honestidad y justicia? ¿Estas prácticas evaluativas contribuyen a desarrollar la ética en los estudiantes? ¿Será este un camino para promover una educación de calidad, al servicio de la persona del estudiante y de nuestra sociedad?.