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Vocación a toda prueba: Claudio Miranda, el profesor que se fue al último rincón del mundo para enseñar

Claudio Miranda

  • El egresado de Pedagogía en Educación General Básica de la Usach, conversó con el diario La Tercera sobre su experiencia en una de las regiones más australes del mundo y las complicaciones que ha traído el Covid-19 al desarrollo de su labor docente.

Por César Calquín (Fuente La Tercera)

Claudio Miranda Barrera es profesor coordinador de Aula Hospitalaria. Ha desarrollado toda su carrera profesional en hospitales. Allí conoció el rigor de la vida dentro de estos recintos: “Hice una práctica en 2014 en la escuela oncológica del Hospital Exequiel González Cortés, donde conocí la pedagogía hospitalaria. En 2016 me llamaron otra vez del hospital y tomé la jefatura de un grupo de adolescentes, todos con cáncer. Hoy trabajo para la Fundación Inclusiva, con quienes creamos el año pasado la primera aula hospitalaria en la Región de O’Higgins. La única región que faltaba era Magallanes, entonces me vine para acá. En febrero de 2020 llegué a conocer la ciudad, buscar arriendo y en marzo entramos en cuarentena: alcance a trabajar sólo 15 días”.

Con la ilusión de poder llevar su trabajo al sur del país, Claudio se radicó en la Región de Magallanes, pero al principio no fue lo que esperaba; la rudeza implacable del clima magallánico lo llevó incluso pensar en el retorno a su pueblo.

“Me vine a vivir a Punta Arenas con el sueño de abrir la nueva escuelita, pero en un momento pensé que no iba a funcionar, que íbamos a tener que cerrar y probablemente no me iba a poder ni siquiera devolver a mi pueblo e iba a tener que quedarme a vivir acá sin trabajo. Después empezó el frío, la nieve, la soledad. Los días se hacían cada vez más cortos, a veces tenía reuniones con Santiago a las cuatro de la tarde y acá ya estaba oscuro y nevando. Fue bien duro todo lo que viví, fue de harto sacrificio personal por el trabajo. En un momento dije: no puedo echarme para atrás sin concretar lo que vine a hacer”, dijo.

Luego, llegó la pandemia del Covid-19 y truncó los planes de Claudio, ya que a mediados de 2020 el país entró en un confinamiento masivo para evitar la propagación del virus, por lo que tuvo que modificar sus planes y migrar a plataformas remotas, para poder seguir con su labor.

“Nunca pensé que iba a ser tan larga la cuarentena, creía que podíamos retomar quizás en abril, mayo o septiembre. A la mayoría de mis estudiantes no los conozco, atendí a 10 niños y sólo conozco a dos en persona, que fueron a los que vi en el hospital. Con los demás todavía no podemos conocernos porque terminamos el año escolar en cuarentena. Tuvimos que hacer todo online, la entrega de informes, la reunión de apoderados, todo”, contó a La Tercera.

Una vida ligada a la salud

En la conversación con La Tercera, Miranda contó que ha estado toda su vida profesional a la salud, lo que trajo a su vida algunas complicaciones de salud mental, pero, que gracias a su enorme vocación pudo sobrellevar y seguir adelante con su gran labor educativa.

“Siempre he trabajado con pacientes de salud mental, pero nunca viví en carne propia cosas tan fuertes con las que necesitara aplicar la resiliencia total. Como educamos para sanar, tuve que aplicar mucho de lo que ocupo en mi trabajo en mi vida personal: aprendí a hacer yoga y ejercicio mirando YouTube, también me sirvieron mucho las sesiones de autocuidado que teníamos una vez a la semana con la sicóloga, quien nos daba algunos ‘tips’, sobre todo porque trabajamos en un ambiente súper adverso donde estamos al pie del dolor y vivimos también un duelo a nivel fundación donde una de nuestras estudiantes nos dejó. Eso también te choca, te pone los pies en la tierra y demuestra lo frágil que somos y lo importante que es la salud en nuestras vidas”, comentó.

Vocación a toda prueba

Este profesor, oriundo de Colinco, comuna de la Sexta Región, conoce las dificultades de la salud pública en regiones. Así lo comenta en la entrevista con el matutino, en el que contó algunas de las situaciones más complicadas que le tocó vivir durante 2020 y cómo se dio fuerzas para seguir adelante.

“En el segundo semestre llegaron cinco niños más al aula y tuvimos que organizarnos para entregarles solución y hacerles la mayor cantidad de clases compatibilizándolas con sus atenciones médicas. Muchos tenían que conectarse a sesiones con kinesiólogos o sicólogos y les quedaban como dos o tres días disponibles para hacer clases. Ahí tuvimos que hacerle un horario a cada niño y funcionó súper bien. Entonces dije ‘no puedo bajar los brazos, acá me necesitan más que nunca’. Sentí que a los niños les cambiamos la vida, unos habían sido marginados en sus colegios, incluso algunos se enfermaron ahí y tienen prohibido volver; les hicieron bullying, los dañaron a tal nivel que le tienen fobia a la gente. Por eso, este es un espacio súper protegido y es lo único que tienen estos niños aparte de sus familias. Es la única esperanza de poder recobrar sus estudios, eso a mí me llenaba de fuerza, coraje, valentía y motivación”, afirmó.

Miranda aseguró que una de las principales dificultades que enfrenta es la de recuperar a los niños y niñas cuando dejan de asistir a la escuela, por lo que trata de volver a formar los hábitos de los menores para que puedan retomar su ritmo de vida. No ha sido fácil, sin embargo, no se da por vencido.

“Lo que en general más cuesta es que cuando los niños pierden la escolaridad a causa de la enfermedad, pierden muchos otros hábitos que van de la mano. Había algunos que no iban a la escuela hace dos años, pero tampoco habían salido de sus casas ni socializado con otros niños de su edad. Entonces, tratamos en primer lugar de recuperar hábitos, como que madruguen, que pongan la alarma y despierten. Son niños que por sus medicamentos dormían toda la mañana y hacíamos clases a esa hora. Tuve que cambiar el horario y adaptarme. Empezamos a las tres de la tarde, después a las 12, a las 11 y terminamos con ellos a las nueve conectados”, agregó.

Por último, contó que recibe niños y niñas en diversas situaciones, tanto de salud como con problemas sociales.

“A estos niños que tienen múltiples necesidades no podemos darles la misma educación que una escuela regular. Enfrentamos un panorama súper crudo: niños que están con seguimiento sicosocial, judicial, temas de vulneración de derechos, de pobreza, de miseria, de soledad. Hay una serie de factores que afectan a veces mucho más que la enfermedad en sí. Tratamos de compensar eso porque la enfermedad no sólo afecta al menor, sino que, a la familia completa se les derrumba todo”, concluyó.

Fuente: Claudio Miranda - La Tercera. 
Redacción: César Calquín.
Edición: Camila Vásquez.
Foto: Claudio Miranda.