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Dra. Sylvia Contreras: “La forma de enfrentar la pandemia ha permitido revitalizar los códigos que sustentan el machismo y la xenofobia”

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  • La académica del Departamento de Educación y especialista en interculturalidad, inmigración y diversidad de género, reflexionó sobre lo que, a su juicio, es la situación más compleja que ha des-velado la pandemia: las desigualdades sociales y la violencia contra las mujeres e infancias, cuyas experiencias se han subordinado a la urgencia sanitaria.

Por Camila Vásquez 

La cuarentena obligatoria instaurada en varios países del mundo debido a la expansión del virus Covid-19 encendió el número de alertas de víctimas de violencia intrafamiliar, en particular, de mujeres obligadas a vivir el confinamiento con sus agresores.

 En Chile, la historia se repite en un contexto donde aumentan las presiones económicas, el miedo e inestabilidad. Según las cifras de la Prefectura de la Familia e Infancia de Carabineros, las amenazas de muerte a mujeres, violencia intrafamiliar económica, física y psicológica crecieron en un 12,3 por ciento en comparación con 2019.

Distanciamiento y confinación a costa del sacrificio de algunas vidas

Las cifras entregadas por el Fono Familia de Carabineros (149) son alarmantes. Durante los primeros tres meses de 2020, se registró un aumento de un 10,6 por ciento en las llamadas, donde el aumento más significativo es en el área de violencia física a mujeres, con un alza de 19,5 por ciento, en relación al año anterior.

Para la académica es indudable que la pandemia haya des-velado una serie de situaciones, entre ellas, las desigualdades sociales y la violencia contra las mujeres e infancias, sin embargo, “tampoco nos puede sorprender que la violencia contra las mujeres y las infancias se muestre con tal dramatismo que ha llevado a las autoridades a proponer, mediante un abordaje tibio, algunas acciones”, dijo.

Y explicó: “¿Por qué no debe sorprendernos?, porque la forma de enfrentar la pandemia ha permitido agudizar una política del cuerpo, cuya tarea, como señala Paul Beatriz Preciado (2020), es definir sus modos en relación al trabajo, al ocio y las interacciones. En otras palabras, validar ciertas formas de gestionar la vida y la muerte, cuyo alcance es legitimar una red de poder que supone una jerarquía de cuerpos, la cual se materializa en la violencia contra mujeres, niños y niñas. Es decir, la política de gestión de la pandemia es la restitución de las violencias”.

La pandemia ha permitido revitalizar los códigos que sustentan el machismo y la xenofobia

Una de las advertencias que planteó el gobierno debido al confinamiento fue el aumento de la violencia contra las mujeres, ya que deja a las víctimas sin otra alternativa que permanecer 24/7 con sus agresores. Un temor que se volvió realidad, sin embargo y según la investigadora, “la forma en que se ha ido configurando la política del cuerpo en y desde la pandemia ha permitido revitalizar los códigos que sustentan el machismo y la xenofobia”, afirmó.

En este sentido, aseguró que las implicancias que han generado la paradoja de esta biopolítica, representada en una definición inmunitaria de la comunidad según la cual debemos distanciarnos y confinarnos, a costa del sacrificio de algunas vidas. “Las vidas de las mujeres, de los niños y niñas, lxs migrantes y ancianxs, conformando, según lo define Preciado, una insoportable paradoja. De ahí a pensar que la exigencia de inmunidad y cuidado está construida en principios que producen inclusión y exclusión, pero sobre todo vida y muerte. De esta forma, lo que sucede con las mujeres en este escenario es solo un reflejo de una política que opta de manera solapada por sacrificarlas, interpelándonos a ir soltando la obsesión por gestionar las vidas para un supuesto bienestar de todxs, un bienestar que no remite a un bien estar, ni a un buen vivir”, aseguró.

En su análisis la profesora Contreras, hace referencia al filósofx español Paul Beatriz Preciado, quien asegura que la gestión política de la pandemia solo representa el hecho que “el virus actúa a nuestra imagen y semejanza, no hace más que replicar, materializar, intensificar y extender a toda la población, las formas dominantes de gestión biopolítica y necropolítica que ya estaban trabajando sobre el territorio nacional y sus límites”.

Para finalizar, la investigadora se cuestiona: “En este contexto es válido preguntarse, ¿cómo evitamos que la política de gestión del Covid-19 destruya un proceso de sororidad entre las mujeres? ¿Cómo contrarrestamos la configuración de personas en solo individuos? ¿Cómo renunciar a la violencia de la inmunidad y a la idea del distanciamiento social, así como a la pausa de lo social? Visto lo visto, deberíamos avanzar en transformaciones, ya que la violencia contra las mujeres y hacia otrxs solo se pueden afrontar desde lo social, lo público. El llamado es, como señala Marcela Lagarde, a conformar un pacto sórico, para buscar otras formas que no consientan la eliminación del espacio social más vital”.

 

Fuente: Sylvia Contreras

Recopilación de antecedentes: Camila Vásquez 

Redacción: Camila Vásquez 

Foto: Archivo