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Para académica del Departamento de Educación, formación docente es responsable de la falta de colaboración entre estudiantes

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Por Cristóbal Miranda Ríos

Una de las pruebas más importantes a nivel internacional en el área de la educación, la Programme for International Student Assessment (PISA), estableció que un 42% de los estudiantes de 15 años en Chile presenta graves deficiencias para trabajar en equipo.

Para la experta en currículum y evaluación del Departamento de Educación de la Universidad de Santiago, Dra. Andrea Rodríguez, uno de los principales factores que explican este resultado es la formación que reciben los profesores, que tampoco considera espacios de encuentro con otros profesionales.

 

“Los currículos de formación docente reproducen las mismas prácticas de individualismo que vemos en las escuelas. Debemos revisarlos para poder hacer transformaciones desde la colaboración”, afirma.

A juicio de la académica del Departamento de Educación del plantel estatal, el carácter “solitario” del trabajo docente repercute también en lo que los profesores conciben como una “buena clase” o ambiente de aprendizaje. Es decir, “una clase silenciosa donde todos están en sus sentados en sus puestos, siguen instrucciones y nadie perturba”, explica.

“Esto es un desafío importante para la formación docente y para la formación continua de los profesores: poder romper con este paradigma imperante sobre el tipo de dinámica que promovemos al interior de las aulas”, considera.

De acuerdo a la Dra. Rodríguez, este paradigma se refleja en evaluaciones estandarizadas, que se focalizan en los desempeños individuales de los estudiantes, y castigos que se aplican cuando el profesor sorprende a un alumno conversando con otro en la sala de clases.

“Los espacios que los estudiantes tienen para interactuar con otro están limitados a los recreos y no constituyen el foco de la experiencia educativa”, sostiene.

Finalmente, la especialista reconoce que otra de las causas de este déficit de trabajo en equipo de los estudiantes es el contexto social, político y económico en que se inserta la educación, el cual incentiva la competencia por sobre otro tipo de experiencias colectivas que busquen el bienestar de las personas. Esto, reflejado en la cantidad de horas laborales que deben cumplir los trabajadores nacionales, lo que, en muchas ocasiones, impide que puedan compartir con sus familias. Por eso, afirma que el principal desafío de la educación es transformar el sistema, no reproducirlo.

“No desarrollamos personas empáticas ni sensibles a las necesidades del otro, y nos convertimos en sociedades donde cada vez importa menos lo que le pasa a otra persona. Y cuando nos encontramos con el otro, lo visualizamos como un adversario. Eso hace que las personas, en su cotidianeidad, enfrenten situaciones muy agresivas, por ejemplo, en el transporte público, donde hay humanización, despersonalización y desensibilización frente a las necesidades y valoración de los demás. Así, termina por anularse nuestra capacidad de encontrarnos y reconocernos”, concluye.

Fuente: Usach al Día