Departamento de Educación
Facultad de Humanidades

Wüñoy Tripantü. El regreso del sol para iniciar un nuevo ciclo con la Naturaleza

 
*Elisa Loncon Antileo

Es 20 de  junio en Santiago  y por fin la lluvia tímidamente se atavió a romper las nubes después de varios días de anuncio en la televisión. Ha caído incesante y ha causado desmanes en algunos sectores de la ciudad. Los pueblos indígenas saben que esta lluvia es especial, porque marca el fin y el comienzo de un nuevo ciclo de vida de la naturaleza. Desde la comprensión de sus mundos, la lluvia es vital y purificadora, renueva la tierra y a todas y todos quienes en ella habitamos.

En la cosmovisión indígena el tiempo es cíclico. Cada año la tierra descansa en el otoño y en invierno se renueva con las lluvias. Luego, con un poco de sol germinaran las semillas, saldrán los primeros brotes. La naturaleza florece en primavera y los frutos maduran en el verano, para nuevamente la tierra descansar en el otoño.

El Año Nuevo Indígena se celebra en el Solsticio de invierno y días posteriores, en esta fiesta se hacen ceremonias comunitarias y rogativas a la madre tierra. En el norte Chile los Aymara celebran el Machaq Mara (21 de junios) o el Inti Raimi. Los pueblos Quechua y Lican Antay, los Diaguita se unen a esta celebración.  En el sur los mapuche celebran Wüñoy Tripantü o We tripantu el día 24 de junio.

Wüñoy tripantu, significa ‘el retorno del sol’, corresponde al nombre ancestral de la ceremonia de Año Nuevo mapuche. El nombre we tripantu, es solo un calco semántico de la palabra año nuevo, no alude a la diferencia existente entre el año cíclico y el lineal; aunque en algunos lugares han acuñado el concepto para esta celebración.

El año Nuevo Indígena casi fue sustituido por la celebración de la fiesta de San Juan, propia de la cultura campesina chilena, y generalizada en las comunidades. En la década de los 80, jóvenes mapuche promotores de la cultura junto a los ancianos se unieron en torno a la memoria y el saber ancestral para recuperar el Wüñoy Tripantü. Así, fue como en plena dictadura y con toque de queda, se recuperó el sentido de esta ceremonia. Hoy la fiesta se celebra en todas partes, y está en la mente y en el corazón de los que se sienten parte de la diversidad de nuestro país. Por su parte el gobierno en 1999 dictó un Decreto Supremo con el que decretó el 24 de Junio como Día Nacional de los Pueblos Indígenas de Chile.

Para celebrar Wüñoy tripantü, la gente se prepara con anticipación, engordan cerdos para comer en esa fecha, y en la ciudad las organizaciones sociales, escuelas  calendarizan la fecha entre sus múltiples labores. Las familias se reúnen en la noche del 23 y hacen ceremonia para agradecer por el año que llega y para  pedir prosperidad. Comparten los alimentos, bebidas; mate entre otros. Después de media noche, salen de sus casas, van al río, estero o cascada cercana; se bañan, se lavan la cara, beben el agua fresca porque esta les traerá buena salud.

Los abuelos enseñan que en este día la tierra se acomoda nuevamente y emite calor desde su centro con la que se entibian las vertientes, los esteros, por lo que el agua no es fría, no enferma;  y hay que bañarse para purificar el cuerpo.

También recogen agua del estero para bendecir los animales y las plantas del huerto, a quienes también le hacen rogativas. Los niños azotan con rama y agua del estero los frutales y les desafían para que den los mejores y más grandes frutos. En esta noche, al caminar se debe estar atento a los ruidos, señales y visiones porque se puede presentar más de algún misterio que augura buena o mala suerte, lo que se ve y se siente luego se cuenta e interpreta en familia. Al regreso a la casa; estas señales se llaman pewütun.

El día 24 hay festejos en el hogar, en la comunidad o en la organización social. Allí no faltan la sopaipillas mapuche (con levadura y sin tinta amarilla),  el muday (bebida de trigo), mültrün (pan de trigo cocido, sin levadura) el kako (mote) y la carne.

Como parte de la celebración se hacen ceremonias especiales a las niñas y los niños. El chawaytun para las niñitas que reciben aros de plata de parte de algún familiar; y el lakutun, ceremonia de entrega del nombre a las guaguas, mujer u hombre. Las familias también hacen konchotun, visitar al amigo o al familiar; en ésta  el que visita lleva la comida. También se juega el palin (juego de pelota mapuche). En la organización social, los más sabios rememoran el saber, la memoria, hablan sobre el significado de la ceremonia, otros cuentan epew, historias de las comunidades.

Hoy, celebrar el retorno del sol, además de compartir con la familia y  la naturaleza, es celebrar la memoria, el saber ancestral que no sucumbió a la imposición y que vuelve año tras año con cada lluvia de invierno. Es también el tiempo para dar gracias, y darse cuenta que las personas. Somos uno más, en la cadena de la vida y no los únicos señores de este mundo. Están los ríos, la montaña, las aves, etc. con las que necesitamos convivir; y la madre tierra es generosa, nos renueva a todos y a todas cada nuevo ciclo.

En la USACH, la celebración del Wüñoy Tripantü es materia de los últimos años. Desde sus inicios ha sido impulsada por los estudiantes de Filosofía e Historia, con el apoyo de algunos académicos, entre ellos el profesor del Departamento de Filosofía, Héctor Molina, y este año tiempo se une a la iniciativa el Departamento de Educación, con sus alumnos y profesores.

Sin duda, la Universidad debe ser el espacio por excelencia para vivir la diversidad cultural, en la que cabe perfectamente la multiplicidad que aportan los pueblos indígenas con las otras diversidades. Como pueblos hemos avanzado en el reconocimiento jurídico y político de sus derechos, entre otros Chile ha aprobado el Convenio 169 de la OIT. Estos logros implican desafíos académicos. Se necesitan profesionales más sensibles a la diversidad, que no combatan la diferencia, sino sepan convivir con ella; pero también se requieren expertos en el manejo de los temas en todas las áreas del saber, formados con este sello

Una Universidad pública, inclusiva es también una Universidad abierta a las demandas de la sociedad, que democratiza el saber con los marginados. Celebremos el nuevo ciclo de la vida y la posibilidad que nos da  la madre naturaleza de volver a empezar para hacerlo mejor.

*Académica Departamento de Educación- USACH.

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